
Hoy, 13 de marzo, celebramos el Día Mundial del Sueño. Aunque a veces lo subestimemos, dormir no es un lujo ni una pérdida de tiempo. Para un neurólogo, el sueño es la función cerebral más fascinante y necesaria, comparable a reiniciar un ordenador después de semanas de uso intensivo.
Mientras dormimos, nuestro cerebro no se apaga, sino que trabaja a destajo. Es en esta fase cuando se consolidan los recuerdos, se procesan las emociones del día y, lo más importante, se activa el sistema de limpieza cerebral. Durante la noche, las células cerebrales se contraen ligeramente para permitir que el líquido cefalorraquídeo arrastre toxinas y proteínas de desecho que se acumulan durante la vigilia.
Esta limpieza nocturna es nuestra mejor vacuna contra el envejecimiento prematuro del cerebro. Dormir mal de forma crónica no solo nos deja irritables o con falta de atención al día siguiente, sino que impide que este proceso de “lavado” se complete, facilitando la acumulación de sustancias relacionadas con enfermedades neurodegenerativas.
En la consulta, vemos a diario cómo el insomnio o la falta de calidad del sueño agravan patologías como la epilepsia, el párkinson o los problemas de memoria. Un cerebro descansado es un cerebro resiliente.
Desde la Asociacion de Ciencias Neurologicas de El Salvador, queremos recordar que cuidar el sueño es el gesto de prevención neurológica más sencillo y efectivo que podemos hacer. Dormir no es perder el tiempo, es ganar salud cerebral.
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